¿Realmente decidimos? ¿Realmente hay un yo qué toma decisiones? Es probable que no. Es probable que ni siquiera exista el yo. Por ejemplo, cuando piensas sobre esto que escribo y buscas respuestas ¿de dónde vienen? ¿porqué eliges unas ideas y otras no? ¿porqué surgieron esas ideas y no otras? Es altamente probable que algunas conexiones cerebrales hicieron más rápida unión que otras conexiones. Y, sugiero, que esto tiene buenas dosis de caos o aleatoriedad.

¿Qué dice la ciencia al respecto? Qué las decisiones que una persona toma quizá no son tan “voluntarias” y que pueden ser manipuladas externamente por medio de impulsos magnéticos.

Por ejemplo, Pascual Leone, investigador, catedrático de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, sostiene en esta entrevista que no hay evidencia que indique un cambio en los patrones cerebrales antes de la toma de una decisión. Desde el punto de vista de la fisiología, algo ocurre y nuestro cerebro genera una explicación (después de la decisión). Es como si fueran palomitas de maíz saltando por todos lados y el cerebro ve una saltando y dice, yo dije que esa saltara, pero en realidad no ha hecho nada para que esa salte. Fisiológicamente el cerebro va cambiando a partir de los cambios en el medio ambiente y va generando una historia. No hay evidencia de que exista un yo… Lo que sí se puede hacer es modificarle a una persona la decisión que ella cree que ha tomado. En un experimento, se le dieron a los participantes las siguientes instrucciones: “vas a ver una luz y cuando la luz se encienda quiero que tomes la decisión tú mismo de si vas a mover la mano derecha o la izquierda, a mí me da exactamente igual, tú decides; cuando la luz se apague quiero que mantengas rígidamente esa decisión hasta que la segunda luz encienda, y cuando la segunda luz encienda, haz aquello que haz decidido”. Lo que no sabía el sujeto es que en ese intervalo de espera se iba aplicar estimulación cerebral a distintas partes cerebrales y lo que se demostró es que si se aplica la estimulación en un momento concreto, el sujeto no decide; es el investigador quien decide que mueva su mano. Esto se hace inmediatamente después de que el sujeto tomó la decisión, es como si esta decisión no se asentará suficientemente. Los sujetos están convencidos que ellos fueron los que tomaron la decisión, cuando en realidad el investigador la tomó.

En esta otra entrevista, Leone, afirma que podemos hacer creer que una persona suponga que ella mueve una mano, cuando en realidad, a través de estimulación magnética transcraneal, el investigador decidió moverla. No estamos aquí hablando de movimientos motores producto de una simple descarga eléctrica. En este tipo de situaciones, las personas simplemente notan que algún miembro suyo se movió pero no asumen que ellas produjeron el movimiento. En cambio, en la estimulación magnética transcraneal sí se asumen como causantes del movimiento.

No sólo las decisiones motoras pueden ser manipuladas con estimulación magnética transcraneal, también los juicios morales. En el video que acompaña esta entrada, Rebecca Saxe ilustra como los juicios que las personas hacen sobre un acto moral se modifican al recibir estimulación. Para lograr esto, previamente se ha logrado identificar la existencia de un área en el cerebro (la unión temporoparietal derecha) encargada de hacer valoraciones morales. Esta área varía en actividad si por ejemplo la persona evalúa que alguien es inocente o es culpable. En el experimento que presenta Saxe (ver a partir del minuto 12 en el video), los sujetos modifican sus juicios morales y criterios de castigo para una situación ficticia en donde una persona intenta envenenar a alguien y no lo logra o lo envenena accidentalmente.


Puedes ver una versión subtitulada en TED.

Si las las aparentes intenciones de las personas pueden modificarse, seguramente se logrará un mejor grado de perfección si se conociera con anterioridad lo que una persona va a hacer. ¿Se puede? al parecer sí. Matthew Liberman, investigador de UCLA, ha presentado un trabajo en donde se muestra cómo se puede predecir las intenciones de una persona, usando fMRI. El estudio se centró en la actividad de la corteza prefrontal de un grupo de participantes a los que se les preguntó si usarían una crema solar. Se pudo predecir con un alto grado de acierto quienes usarían la crema y quienes no, sólo con la información de su actividad cerebral.

A pesar de las dudas que algunas personas puedan tener sobre las implicaciones éticas de estos avances, el conocimiento de cómo funciona el cerebro, el conocimiento de qué es lo que facilita el que pensemos, actuemos o sintamos de tal o cual forma es un conocimiento bienvenido. Además, estos avances, aunque mayúsculos en su contexto, son minúsculos todavía en su aplicación cotidiana, fuera de laboratorio. La principal aplicación actual es en el conocimiento de nuestro ser social y en el tratamiento de padecimientos producto de traumatismos cráneo – encefálicos o de trastornos del Sistema Nervioso Central.

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