En la biografía de Steve Jobs aparecen dos anécdotas interesantes. Una, que sin ser presentada como tal, es un claro ejemplo de condicionamiento operante llevado a cabo por Wozniak. Durante sus épocas de juventud, Woz y Jobs solían gastar bromas. Una de ellas consistía en un uso bromista de un invento de Wozniak. El invento era un pequeño aparato que emitía señales de televisión que podían producir interferencias. Woz lo llevaba consigo a donde hubiera un grupo de personas viendo televisión. Entonces él activaba el aparato para producir interferencias y cuando alguien se levantaba y le daba un golpe al televisor, entonces Wozniack desactivaba el dispositivo. Así, podía hacer que la gente estuviera haciendo cosas a su antojo sin que ellas se dieran cuenta. Por ejemplo, una vez que hacía desaparecer la imagen, cuando alguien tocaba la antena, le “reforzaba” con la aparición de la imagen, por supuesto sin que el sujeto se diera cuenta que era Wozniack el que hacía que apareciera la imagen. De manera textual, Isaccson (autor de la biografía) escribe: “Al final acababa por hacerles pensar que tenían que sujetar la antena mientras se apoyaban en un único pie o tocaban la parte superior del televisor”.

De manera sencilla es posible decir que el condicionamiento operante establece que las conductas están controladas por las consecuencias producto de su operación en el medio. Por ejemplo alguien trabaja (conducta), esa operación en el medio tiene consecuencias, que puede ser recibir un salario (reforzador). La persona seguirá haciendo la conducta para seguir obteniendo reforzadores. Las “víctimas” de Woz hacían la conducta (tocar la antena) y eran recompensados por la aparición de la señal.

La otra anédocta es quizá menos relevante, pero resulta llamativa para los que trabajamos en Psicología y además trabajamos en laboratorios para estudiar el comportamiento animal. Hubo una época muy importante en la vida de Jobs con un estilo de vida bohemio (o más bien bastante hippie) en donde apenas subsistía del regreso de botellas de refrescos vacías; comía gratuitamente los domingos con los Hare Krishna o gracias al cariño de Elizabeth Holmes que le preparaba comida lo mejor adaptada a la obsesiva dieta vegana de Jobs. En este tiempo casi todo el tiempo iba descalzo y como su apartamento de veinte dólares al mes no tenía calefacción, usaba una chaqueta polar en el interior. Con esta imagen de fondo, cuando Jobs necesitaba dinero “trabajaba en el laboratorio del departamento de Psicología, ocupándose del mantenimiento de equipos electrónicos que se utilizaban en los experimentos sobre comportamiento animal”. Sin duda, toda una anécdota, más que para Jobs, para quien haya sido el investigador responsable de ese laboratorio.

Fuente: Isaacson, Wl. (2011). Steve Jobs. La biografía [formato digital para iBooks de Apple]. Ramdom House Mondadori.

 

 

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