Educar para el futuro


Una de los frecuentes señalamientos a la enseñanza tradicional es que ésta debe de cambiar en virtud de que la mayoría de la información que se enseña en la escuela está ahora al alcance de la mano. Esta crítica es bien intencionada pero es incorrecta en el fondo. No es la disponibilidad de conocimientos lo que define a la enseñanza. En general el profesor y las instituciones educativas no han estado definidos por la posesión de conocimientos ocultos que sólo a unos cuantos iniciados se les profesa. Que la información esté más o menos disponible no es lo esencial en el proceso educativo. Cuando yo inicié mis estudios universitarios, no existía Internet, pero la queja para los malos profesores es la misma de ahora: «repite lo del libro». Si ahora se llama libro o wikipedia, ese no es el problema. El problema no es el acceso a la información; el problema es que algunos responsables del proceso educativo no están haciendo bien su tarea: potenciar el desarrollo humano. No dudo que en algunas situaciones algún profesor mediocre o alguna institución educativa mediocre guarde con celo su fuente de información para que al difundir ésta, como vil intermediario, quede justificada una función caricaturesca del enseñar. En esta situación, anómala, es claro que la disponibilidad de información le desmonta el «teatrito» al que no sabe, pero «enseña».

El problema esencial no es la disponibilidad de información. El problema es el de siempre: ¿Cómo potenciar el desarrollo humano? Pero ahora hay un problema mayor, pues a esta pregunta habrá que agregar que un mundo más cambiante, más globalizado, más interconectado, más tecnologizado, demanda nuevas habilidades dentro de ese potencial humano. Y lo que puede ser más alarmante, estamos preparando estudiantes, personas, para un mundo que cuesta trabajo imaginar. Esto sí es diferente. No es lo mismo educar para un mundo relativamente estable y conocido que para uno de muy alto dinamismo y complejidad.

¿Cómo educar para el futuro?

Gardner plantea cinco mentes para este futuro: una mente sintética, una mente creativa, una mente ética, una mente respetuosa y una disciplinada. Como Gardner es conocido por su modelo de inteligencias múltiples conviene aclarar que estas «mentes» son más bien usos de la inteligencia. Incluso me atrevería a postular que son, en alguna medida, actitudes.

En mi caso he dicho que aprender a aprender, ser crítico y creativo y saber relacionarse con la gente, por muy diferente que sea de nosotros, es esencial en la educación. Además, está la destreza técnica y el conocimiento, que ocurren en un contexto científico y tecnológico.

Vale la pena clarificar que la ciencia por sí misma, la tecnología por sí misma no son el futuro. Se requiere de personas educadas que puedan usar éticamente esto y, a veces, que por lo menos usen este conocimiento.

En estos días el Smithsonian Institute celebra sus cuarenta años. A propósito de este aniversario a puesto en su página 40 cosas que debemos saber para el futuro. Una de estas cosas es que, por ejemplo, la neuroimagen será posible en bebés. Esto resulta asombroso. Actualmente las técnicas de neuroimagen son posibles gracias a sofisticados y enormes equipos que escanean la actividad cerebral de una persona acomodada en una plancha dispuesta para esto. En algunos casos, la técnica requiere que se proporcione a la persona alguna dosis de una sustancia radioactiva para poder observar las concentraciones de esta sustancia en el cerebro. Así que poder ver el cerebro de un bebé sin duda es un gran adelanto que puede tener fabulosas consecuencias no sólo para la prevención de enfermedades sino para potenciar habilidades. Sin embargo, como bien dice Melvin Konner, necesitamos de una brújula moral que nos ayude a llevar un mejor ambiente a los niños. Sabemos muchas cosas que científicamente se sabe que son buenas y otras que son malas. A pesar de esto muchas cosas no han cambiado. La psicología ha demostrado por años y años que el castigo es la peor forma de aprendizaje, que tiene muchas consecuencias negativas, pero se sigue usando.

Educar para el futuro significa ante todo formar personas que puedan vivir y construir mundos mejores. Que posean una formación que permita entender otros mundos, apreciar otras cosas, imaginar mundos diferentes, saber hacer esos mundos diferentes. Para esto no basta con la ciencia y la tecnología; son igualmente importantes las artes y las humanidades. Saber hacer mundos diferentes, necesita del arte, de las humanidades, de la ciencia y de la tecnología, pero requiere sobre todo creatividad.



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