Detector de mentiras

Wired señala en una nota la posible admisión por primera vez en un tribunal de los E. U. de un scanner cerebral como prueba de detección de mentiras. Como el sensacionalismo a veces acompaña a estas notas y a blogs que hacen eco de ellas, es importante hacer notar que la fuente original indica que la corte podría incluir estas pruebas, podría. Sin embargo, lo que destacaré ahora es la fiabilidad falta de fiabilidad de tales instrumentos.

Los polígrafos tienen más de 50 años usándose como detectores de mentiras. La fiabilidad de tales instrumentos es altamente cuestionable. La mayor parte de los conocedores del tema dan por hecho que el nivel de acierto depende más de quién usa el “detector de mentiras” que del instrumento en sí. Estos instrumentos en realidad detectan pequeñas alteraciones fisiológicas. Estas alteraciones pueden relacionarse con la tensión no consciente o no controlada de una persona cuando miente. Sin embargo, alguien suficientemente hábil puede engañar al instrumento, o al que usa al instrumento, ya sea teniendo un gran control de sus reacciones emocionales o manteniendo éstas siempre altas. Por ejemplo, usted puede pensar en algo excitante o que le pida mucha concentración (una operación matemática por ejemplo) cada vez que le hagan preguntas. Así siempre tendrá una respuesta similar, pues las reacciones que tenga serán más producto de lo que pensó como evento distractor, que de lo que le preguntaron.

Las nuevas tecnologías de neuroimagen no existían cuando se comenzó a usar el polígrafo o “detector de mentiras”. Sin embargo, ahora algunos consideran que tal tecnología puede ser el perfecto sustituto del polígrafo. ¿Pero esto es posible ahora? No

Si bien hay estudios que presentan evidencias favorables sobre el uso de esta herramienta, de manera similar hay evidencia que indica que no tiene los niveles de confianza suficiente para usarla como prueba contundente de que alguien miente o no lo hace. Además, existe duda bastante razonable sobre si las evidencias a favor funcionarían igual en ambientes fuera de laboratorio. Tomemos como ejemplo la nota de Wired mencionada al inicio:

Es una noticia relacionada a un acoso sexual en donde alguien afirma estar diciendo la verdad y para ello solicita como prueba el uso de fMRI. Según el abogado que solicita la inclusión de los resultados del fMRI como prueba, esto terminaría con el “yo digo, tú dices”. Aquí hay varios problemas. Incluso suponiendo que el fMRI diera resultados fiables, el que yo crea que estoy diciendo la verdad no hace a eso verdad y lo único que probaría el fMRI (aceptando sin conceder) es que según yo eso es verdad. Es importante eso porque la persona que se vería beneficiada del fMRI aduce que fue marginada de ciertas oportunidades de empleo producto de una queja de acoso sexual. En este sentido, cabe destacar que una de las premisas del uso del fMRI como instrumento de detección de mentiras es que la persona sabe que miente y por ello la actividad cerebral es diferente.

Pero tenemos más: Cephos, una compañía especializada en el uso de tecnologías de alto nivel para el conocimiento de la verdad en casos criminales está interesada en este caso. Sin dudar de la honorabilidad y del rigor científico de Cephos, el punto es que es una compañía que ofrece servicios y gana dinero por ello. Según yo, esto tiene de entrada un conflicto de intereses.

Siguiente: según la nota de Wired, una neurocientífica afirma que la prueba no tiene fiabilidad y un abogado, en contraposición, dice que es mejor esto que el puro juicio humano. Esto llega a niveles de hilaridad. La experta dice que no funciona y el que no sabe del asunto, el abogado, dice “pero lo usamos porque es mejor que el método humano“. Finalmente el caso, como menciona Wired, provocará debate en los tribunales, pues definitivamente no puede superar el estándar de Frye que establece que para que una prueba sea admitida como prueba científica, ésta debe ser aceptada por la comunidad científica y es evidente que Cephos y un grupo de abogados que no tienen formación en neurociencias no son la comunidad científica, y ésta no tiene datos concluyentes. Por ejemplo en un trabajo científico de Montelone et al. (2009) se establece que el fMRI tiene posibilidades como prueba de detección de engaños o mentiras, pero su nivel de confianza está alrededor del 70%.

Para concluir. Tengo alguna certeza que en el futuro los avances en las neurociencias permitirán que el uso de fMRI y tecnología asociadas ofrezcan información confiable sobre si una persona miente o no. A la fecha no hay datos concluyentes. Es bueno que existan empresas comerciales y grupos académicos tratando de lograr esto, pero con niveles de confianza tan bajos, como los de hasta ahora, los resultados pueden comprometer a personas inocentes o liberar a personas culpables. Para quienes tienen reservas sobre el derecho a la privacidad: a la fecha no hay riesgo. Una cosa es saber cuando una persona tiene una actividad diferente o especial producto de mentir y otra cosa es leer el pensamiento.

Fuentes adicionales:
Gamber, M. (2009). Portrait of a Lie. Scientific American Mind, 20(1), 50-55. Recuperado de: Academic Search Complete database.
Montelone, G. T. et al. (2009). Detection of deception using fMRI: Better than chance, but well below perfection. Social Neuroscience, 4(6),528-538. doi:10.1080/17470910801903530

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