En el número de julio – agosto de este año, Monitor Psychology publica un artículo que discute sobre la tendencia a atribuir cualidades humanas a todo lo que se mueve (yo diría que no sólo a lo que se mueve, sino a cualquier cosa que pueda dársele algún significado humano por la simple apariencia, llámense nubes, troncos de árboles o manchas de cualquier tipo).

Si bien existe investigación sobre procesos cognoscitivos en animales, que dan cuenta de capacidades que a menudo asombran, también es cierto que es frecuente la exageración de esas características como si fueran humanas. Anteriormente publiqué una entrada en donde ilustraba algunas de esas destrezas animales asombrosas (al hacer click ten paciencia; la página tardará en cargar). Ahora publico lo que puede ser el otro lado de la moneda.

En el artículo mencionado al inicio de este escrito, se señala que los estadounidense gastan casi 10 millones de dólares al año en servicios veterinarios y 15 millones de dólares en alimentos, lo que significa un gasto mayor al gasto en alimentos para bebés.

Horowitz, citado en Monitor Psychology, señala que la pertenencia de los perros a nuestra sociedad, y su comprensión del mundo humano, puede ser más ilusión que una realidad. En concreto, su tendencia a prestar atención e interactuar con los seres humanos puede enmascarar una vida interior que no es muy parecida a la nuestra.

15,000 años de convivencia entre seres humanos y perros ha permitido a estos últimos una evolución que les permite comportarse como niños felices, indica Horowitz.

Los lobos, por ejemplo, no hacen contacto visual con otros lobos. Pero los perros nos ven a los ojos, con un comportamiento que parece atractivo y amigable, afirma Horowitz.

Incluso, pareciera que algunos sonríen cuando abren la boca, pero puede ser una simple conducta condicionada que ha resultado tener éxito para obtener favores de los humanos. De acuerdo con Horowitz, ellos no están sonriendo, simplemente están mostrando una característica fisiológica.

En el mismo número de Monitor Psychology se reporta un estudio publicado en el Journal of Comparative Psychology (Vol. 122, No. 1), en el que se encontró que cuando las personas observan objetos que contienen alimentos ocultos, los perros pueden fácilmente interpretar la señal y encontrar el alimento, a diferencia de algunos primates que no entienden la señal.

De igual forma, los perros prestan mucha atención a donde estamos buscando. Por ejemplo, se encontró que los perros tienden a obedecer la orden de quedarse sentados, siempre y cuando el observador esté mirando hacia ellos. Los perros desobedecen las orden si sus propietarios miran a la TV o si se vuelven de espaldas. Esto según otro estudio, publicado en el Journal of Comparative Psychology (Vol. 120, No. 3), también mencionado en el artículo de Monitor Psychology aquí reseñado.

Los propietarios de perros ven frecuentemente en sus mascotas conductas que para ellos revelan emociones e incluso pensamientos similares a los humanos. Por ejemplo, si el dueño del perro sale un tiempo y al regresar se encuentra con destrozos en casa, es bastante probable que suponga que su perro lo extrañó, o que su perro es travieso y sabía que su amo no estaba y por eso hizo intencionalmente travesuras. Yo incluso he escuchado interpretaciones de propietarios de perros que afirman que éstos distinguen el bien del mal en estas situaciones. Sin embargo, de acuerdo al autor del artículo del Journal of Comparative Psychology (Vol. 122, No. 1) probablemente el perro simplemente se aburrió (habría también que diferenciar el aburrimiento no humano del aburrimiento humano). Si el dueño del perro interpreta que el comportamiento del animal se debió a que extrañó a su amo, y para enmendar la situación procura alguna forma de atención o cuidado reforzante para el perro, lo que terminará haciendo es reforzar más el comportamiento destructivo para cuando no esté el amo, lo que a su vez aumentará la interpretación de sentir que lo extrañan.

La conducta interpretada como celos por parte de los perros también es frecuente encontrarla. Dingfelder, autora del artículo de Monitor Psychology, reporta que un trabajo en Cognition and Emotion (Vol. 22, No. 1) encontró que el 81 por ciento de los dueños de perros había visto actuar a sus mascotas de forma “celosa” y el 74 por ciento les había visto actuar de forma “culpable”. Además, 15 por ciento de hamsters también habían mostrado culpa y 17 por ciento habían mostrado celos, de acuerdo con sus propietarios.

Los celos mostrados pueden ser simplemente una conducta adaptativa que le permita al animal seguir obteniendo la atención, los cuidados y el alimento necesario. Un perro puede actuar celosamente, pero no hay razón para creer que estos “celos” son similares a los humanos, en donde se encuentran cogniciones complejas y sentimientos de injusticia, señala Horowitz, citado por Dingfelder.

Por último cabe agregar que en términos cognitivos los perros no parecen tan competentes como otros animales. De hecho, yo siempre me he preguntado porqué un simple pasador o gancho en una puerta evita que el animal salga, cuándo la única asociación “cognitiva” es mover el gancho o pasador para que la puerta se abra. Williams, citado por Dingfelder señala que los perros carecen de metamemoria (la habilidad para saber lo que sabes y lo que no sabes). Habilidad que tienen las ratas y los chimpancés.

Sin embargo, no hay duda que los afectos positivos que generan las mascotas en los humanos son admirables y valen la pena de ser estudiadas. También es claro que no puede negarse que existan proceso cognitivos bastante evolucionados en ciertos animales. Lo que si es dudable, pero merece ser investigado, es que tales procesos sean una versión perruna o gatuna de nuestra forma de percibir, pensar o amar.

Fuente:
Dingfelder, S. F. (July/August 200). Dogs’ attentiveness to our cues may give us the illusion they are more human than wolf. Monitor on Psychology, 39(7), 36.

[Publicado el 3 de agosto de 2008 en Creatividad y Ciencias cognitivas]

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